A los trece
años me di cuenta que el deporte en general,
y el futbol en particular, no me importaban en absoluto.
Muchos años
después supe que antropológicamente el deporte surge como una forma de preparar
y entrenar a niños y adolescentes para la guerra.
No nos
educan para la paz,
no nos
educan para la felicidad.
Nos educan
para competir.
La paz y la felicidad no son compatibles con
la competencia.
Competir es
ponerse frente a otro para demostrar que uno es mas grande, mas listo, mas
fuerte, mas hábil, mas lindo, mejor que ese otro.
También estamos hablando de jugar al ajedrez, al scrabble.
(He dejado
de jugar a cualquier juego que implique ganar, competir con otro para ver quien
es mejor, humillar o desconfirmar al otro).
Estamos
hablando de basket, de boxeo, de fórmula 1, de futbol.
Estamos
hablando de concursos de belleza, de cata de vinos, de perros.
Algunos se
escudan en el “yo juego para divertirme”, pero siempre se juega para ganar.
Algunos dicen “no importa ganar, lo que
importa es competir”, pero siempre se compite para ganar.
Los
mundiales de futbol se juegan cada cuatro años, lo mismo que las olimpíadas.
Para no superponerse se juegan en años pares alternos, de manera que cada dos
años tenemos o una olimpíada o un mundial de futbol.
Una guerra
mundial cada dos años.
Todos los
países se preparan para competir con los otros países, para ganarle a los otros
países, para dejar claro que “nosotros somos mejores que ellos”, que jugamos
mejor al futbol, que saltamos más alto, que nadamos mas rápido. ¡Viva
Argentina!, ¡Viva España!, ¡Viva Camerún! Humillemos a los demás.
(Hace ya
bastante tiempo que los conceptos de "nación" o "patria"
han dejado de tener algún valor emocional, psicológico o de cualquier otro tipo
para mi).
La
exaltación del nacionalismo, del sentimiento de pertenencia a algo que nos hace
distintos, tal vez únicos, mejores. La reafirmación del "nosotros" y
"ellos" en la confrontación del nosotros "contra" ellos. El
refuerzo del concepto de fronteras.
(Ni siquiera
me siento "internacionalista" porque es seguir dando entidad al
concepto de nación. Estamos juntos pero cada cual sigue siendo un
"nosotros" diferenciado de "ellos", con quienes nos
juntamos. Nacer en un lugar o en otro proporciona características distintas,
cultural y socialmente condicionadas. Pero cuando saltamos mas allá del
anecdotario nos encontramos que todos somos iguales, que todos libramos nuestra
batalla personal en el mundo por ser felices).
Y las
fronteras dentro de las fronteras: los distintos campeonatos nacionales, entre
provincias, entre ciudades, entre barrios.
Y las
fronteras dentro de las fronteras dentro de las fronteras: yo soy mejor que
vos, más fuerte, más lindo, más inteligente, más apto, más astuto…
Relaciono
todo esto con la necesidad de tener razón. La necesidad de demostrar que mi
punto de vista es mejor que el tuyo.
Renuncio a
seguir las competencias deportivas.
Renuncio a
jugar a cualquier juego con el objetivo sea vencer a otro.
Renuncio a tener
razón.






